Hay momentos —cada vez más frecuentes— en los que una conversación deja de ser solo un intercambio de ideas para convertirse en una invitación a mirar distinto. A cuestionar lo que damos por sentado. A incomodarnos un poco. Así se sintió nuestra participación en el webinar EUPRERA Talks, moderado por Isabel Ruiz Mora, en el marco del Congreso Internacional EUPRERA 2026 que estamos organizando desde la Universidad de Málaga.
Un espacio compartido con Evandro Oliveira y Rune Schanke-Eickhoff, donde más que hablar sobre comunicación, nos atrevimos a preguntarnos por sus fundamentos más profundos.
Porque quizá la cuestión no sea cómo comunicar mejor.
Sino desde dónde estamos comunicando.
Del modelo mecánico a los sistemas vivos
Durante años, las relaciones públicas han operado bajo una lógica que, aunque sofisticada, sigue siendo profundamente mecanicista: controlar mensajes, gestionar percepciones, optimizar impactos.
Pero algo ya no encaja.
En este encuentro, emergió con claridad una idea que atraviesa cada vez más conversaciones en el campo: necesitamos transitar hacia una comprensión de las organizaciones como sistemas vivos.
Y eso lo cambia todo. Porque un sistema vivo no se controla.
Se escucha, se cuida, se comprende en relación.
Tres síntomas de un modelo que se agota
En mi intervención compartí tres fenómenos que descubrí gracias a Ronald Sistek y que en el fondo, están pidiendo ese cambio:
- La herida de separación de nuestra esencia natural: nos hemos desvinculado de la naturaleza, olvidando que no estamos fuera de ella, sino que somos parte.
- La erosión de la confianza: las estructuras jerárquicas, sostenidas en el control, están desplazando la confianza hacia el miedo.
- La invisibilización de otras inteligencias: especialmente aquellas asociadas a lo relacional, lo intuitivo, lo sensible, lo femenino.
No son solo tendencias. Son señales de que el modelo actual ya no alcanza para sostener la complejidad que habitamos.
Antes de comunicar, ser
Evandro lo expresó con una claridad que resonó en toda la sesión: una organización que no sabe quién es, no puede comunicar con autenticidad. Y en ese punto, la comunicación deja de ser una herramienta para convertirse en un síntoma. Porque cuando hay fragmentación interna, la comunicación puede maquillar, pero no puede sostener.
Primero ser.
Luego actuar.
Y solo entonces, comunicar.
Sostenibilidad no es regeneración
Otra distinción clave —y urgente— que emergió en el diálogo:
La sostenibilidad busca reducir el daño.
La regeneración busca restaurar y potenciar la vida.
No es lo mismo aspirar a ser “menos negativos” que comprometerse con generar impactos positivos netos en los sistemas de los que formamos parte. Y esta diferencia no es semántica. Es profundamente estratégica.
¿Cómo reconocer lo auténtico?
Rune propuso una pregunta sencilla, pero poderosa:
¿La organización opera según los términos de la naturaleza… o solo habla de ella?
Porque el riesgo del greenwashing no está solo en lo que se dice, sino en la desconexión entre discurso y práctica.
La coherencia no se declara.
Se practica, en decisiones cotidianas.
Cuatro movimientos para empezar
Lejos de quedarse en lo conceptual, también compartimos un marco sencillo —aunque no por eso fácil— para iniciar procesos regenerativos en las organizaciones:
- Escuchar: comprender el sistema del que se forma parte.
- Identificar tensiones: observar dinámicas internas, ritmos, aprendizajes, relaciones.
- Experimentar: comenzar en pequeño, con cambios que aumenten la vitalidad.
- Medir y aprender: ajustar, adaptarse, evolucionar.
Sin recetas.
Con conciencia.
Un desafío (y una oportunidad) para la comunicación
Para quienes trabajamos en comunicación estratégica, esto abre un desafío enorme.
Ya no alcanza con gestionar reputación o construir confianza.
Se trata de acompañar procesos de coherencia organizacional, de desarrollar conciencia sistémica, de sostener conversaciones que conecten con lo esencial.
Quizá, en el fondo, se trate de volver a una pregunta simple:
¿Estamos contribuyendo a la vida… o solo gestionando su narrativa?
Cerrar (o abrir)
El webinar terminó con una idea que merece quedarse resonando:
La regeneración no es perfección.
Es práctica continua.
Es ajuste.
Es camino.
Y, sobre todo, es una invitación.
A volver a escuchar.
A reconectar.
A recordar que comunicar —cuando es auténtico— también puede ser un acto de regeneración.
